19 de marzo de 2010

OBRAS DE MIGUEL DELIBES

NOVELAS



La sombra del ciprés es alargada: su primera novela (Premio Nadal) inaugura su carrera literaria con dos de las que luego serán sus constantes narrativas: la infancia y la muerte. Cuenta la adolescencia y juventud de Pedro.

Aún es de día: Sebastián, hombre tarado y pobre, sufre las burlas y el desprecio de sus vecinos, e incluso el engaño de la chica de quien se ha enamorado y con la que sueña casarse. Él trata de superarlo con una intensa vida interior, pero la sórdida realidad se impone y puede más que su espiritualidad. La novela retrata con meticulosidad la vida de una ciudad de provincias de la inmediata posguerra.

El camino: en esta novela encuentra su voz y estilo narrativos. La infancia vuelve a ser protagonista. Cuenta las aventuras de un niño, Daniel "El Mochuelo".

Mi idolatrado hijo Sisí: Dividida en tres libros, que recrean tres épocas sucesivas de la reciente historia de España: 1917-1920; 1925-1929 y 1935-1938, cuenta la vida y andanzas de Cecilio Rubes, comerciante en una capital de provincia, católico de apariencias y de mentalidad típicamente burguesa, cuyo egoísmo le lleva a conformarse con un único hijo, a quien mima y tolera, y a quien la guerra civil española le arrebatará brutalmente.

Diario de un cazador: Miguel Delibes ha dicho que Lorenzo, protagonista de esta novela, es el personaje más optimista y desenfadado que ha salido de su pluma. Bedel de instituto y cazador, Lorenzo anota en su diario, con un lenguaje expresionista y lleno de matices y resonancias populares, no sólo sus andanzas cinegéticas, sino también aquellos trances que configuran su modesta existencia junto a su madre viuda y a su novia Anita, con la que acabará -aunque no en esta novela- casándose. Por este libro obtuvo el Premio Nacional de Literatura.

Diario de un emigrante: La novela la escribió a raíz de una estancia en Santiago de Chile, en 1955, en cuyo viaje de ida fue leyendo su "Diario de un cazador", recién salido de la imprenta. Asombra en este relato la capacidad del novelista castellano para hacer suyo el modo de hablar de Chile, cuyo variopinto vocabulario incorpora progresivamente Lorenzo a su ya peculiar manera de expresarse.

La hoja roja: Un desolador relato en torno a la vejez, la soledad y el desamparo, aunque matizado, como siempre, con la ternura, el lirismo y el humor.

Las ratas: Coartado en su libertad de expresión a la hora de denunciar la postración del medio rural castellano desde el periódico que dirigía, El Norte de Castilla, Delibes le busca las vueltas a la censura y escribe su novela Las ratas, una visión descarnada y trágica de la tierra y las gentes de la Castilla de mediados del siglo pasado.

Cinco horas con Mario: usó en ella la fórmula de monólogo interior por exigencias de la censura de la época, pues de haber presentado a Mario vivo, defendiendo la tesis que su viuda le echa en cara, la novela no hubiera obtenido el beneplácito de los censores.

Parábola del náufrago: Como si se tratara de la transcripción puntual de una pesadilla, Delibes narra la vida, "naufragio" y aborregamiento final de Jacinto San José.

El príncipe destronado: es el relato minucioso -hora por hora- de un día cualquiera en la vida cotidiana de Quico, un niño, y su familia. Pero es al mismo tiempo un fresco de las relaciones y conflictos familiares, y en particular del padre y de la madre, que viven la postguerra española -época en la que se sitúa el relato- desde puntos de vista absolutamente dispares: la de los vencedores y vencidos.

Las guerras de nuestros antepasados: Novela en forma dialogada, en la que el recluso Pacífico Pérez, condenado por homicidio, desvela al médico de la prisión su vida y sus sentimientos. Y a lo largo del entrecortado relato de este joven pueblerino, de insobornable candor y de una casi enfermiza sensibilidad, va el lector tomando conciencia de un país y de una sociedad, violenta y enfrentada, que no puede, generación tras generación, vivir sin una guerra que librar.

El disputado voto del señor Cayo: La novela es una constatación y una sátira de la antítesis entre estas dos concepciones de la vida e incluso de la historia en la que, sin embargo, y una vez más, la melancolía y la ternura de Delibes humanizan la desaparición del mundo simbolizado por el señor Cayo.

Los santos inocentes: Dividida en seis libros, como otros tantos cantos épicos, esta historia trágica y lírica al mismo tiempo nos narra la dramática existencia de unos seres marginados, habitantes de un cortijo extremeño, cuyo sometimiento al amo marca y determina su miserable vida cotidiana.

Cartas de amor de un sexagenario: Un jubilado sexagenario encuentra un día, en una revista de la sala de espera de un médico, el anuncio de una viuda de 56 años que pide cartearse "con caballeros de hasta 65 y de similares características" a las que de sí misma expone. Eugenio Sanz Vecilla hace suya la propuesta y comienza una correspondencia entre ambos, si bien la novela sólo recoge las cartas del protagonista.

El tesoro: Una nueva novela del encuentro entre el campo y la ciudad. Y trocando, además, el tópico binomio de la bondad de la aldea frente a la malicia de la corte.

Madera de héroe: contiene una notable carga autobiográfica y puede considerarse, además, como una de las más ambiciosas del escritor.

Señora de rojo sobre fondo gris: Con fuerte carga autobiográfica, rinde un homenaje a su esposa, muerta en parecidas circunstancias en 1974; la novela es una intensa historia de amor en desenfrenada carrera hacia la muerte, así como el retrato de una mujer convertida en personaje, con una personalidad fuera de lo común.

Diario de un jubilado: Miguel Delibes siempre había querido hacer de Lorenzo una especie de alter ego literario que fuera practicando los deportes que él practicaba y envejeciendo con él. Sin embargo, requerido por otros temas y personajes, dejó pasar cuatro décadas sin volver sobre el vitalista y deslenguado cazador que, en palabras del propio novelista, es su personaje más optimista.

Siestas con viento sur: Son cuatro narraciones o novelas breves, dos de ellas de ambiente urbano, El loco y Los raíles; y las otras dos de tema y ambiente rural, La mortaja y Los nogales.

La mortaja: Es sin duda uno de los relatos más intensos y dramáticos de Miguel Delibes, y en el que se dan cita las cuatro constantes de su narrativa: Infancia, muerte, naturaleza y prójimo.

Libros de viajes

Por esos mundos: Sudamérica con escala en Canarias.

Europa: parada y fonda: él dijo "En 'Europa: parada y fonda' el viajero no ha hecho otra cosa que recoger a su aire media docena de impresiones sobre cuatro países europeos -Italia, Portugal, Alemania y Francia- visitados a lo largo de los últimos años".

USA y yo: crónicas que recogen las experiencias del novelista a lo largo de los seis meses que pasó en la Universidad de Maryland, como Profesor Visitante del Departamento de Lenguas y Literaturas Extranjeras, en 1964.

La primavera de Praga: El libro narra, de forma dialogada con un supuesto interlocutor, la visita que le novelista hizo a Checoslovaquia en la primavera de 1968, justo unos meses antes de producirse la intervención soviética, el 21 de agosto de ese mismo año.

Dos viajes en automóvil: Suecia y los Países Bajos.

Libros de caza y pesca

Viejas historias de Castilla la Vieja: Ironía y ternura, soterrada denuncia y profunda simpatía se conjugan en estas estampas, narradas con un estilo limpio y preciso, desde un cabal conocimiento del medio rural castellano, tanto en lo geográfico como en lo humano.

Castilla habla: Son 32 coloquios con otros tantos oficiantes de viejos oficios del medio rural castellano en trance de desaparecer. Son los protagonistas quienes hablan con su propia voz y timbre y es Castilla, por ende, quien habla por sus bocas.

Castilla, lo castellano y los castellanos: Se trata de una selección, llevada a cabo por el propio Delibes, de los textos más representativos sobre la tierra y las gentes de su Castilla natal.

Libros para niños

Tres pájaros de cuenta: Único libro escrito por Delibes pensando en lectores infantiles.

Mi mundo y el mundo: El libro lleva por subtítulo "Antología de obras del autor, para niños de 11 a 14 años".

Misceláneos

Vivir al día: Es éste el primer libro recopilatorio -o misceláneo- de los publicados por M. Delibes, y en él recoge el escritor textos, artículos de prensa sobre todo, publicados en diversos periódicos españoles, sobre todo en el El Norte de Castilla, a lo largo de quince años, desde 1953 a 1967.

El mundo que agoniza: Se trata del texto del discurso de ingreso de Miguel Delibes en la Academia de la Lengua, en 1975, reorganizado en capítulos y prologado por Ramón García Domínguez.

El otro fútbol: Recopilación de quince artículos de prensa sobre los más variados temas, pero cuyos tres primeros de la serie, los más extensos, hablan de asuntos futbolísticos tales como el superprofesionalismo de los jugadores.

La censura de prensa en los años 40 y otros ensayos

He dicho: El libro se cierra con el "He dicho" con que Delibes culminara su discurso de recepción del Premio Cervantes, en abril de 1994, cuyo texto, además, es el último de los recopilados en el volumen

Retrato de un escritor

Miguel Delibes ha muerto y su pensamiento y serenidad nos quedará para siempre en sus libros.
De cara a la prueba de Selectividad o PAU, conviene recordar que es posible que se pregunte sobre los temas de la Programación que recogen datos o hechos sucedidos durante el año. Por eso y porque era un gran escritor, recordamos a Delibes:En la entrada después de esta encontraréis un resumen más ligero.

Vivió sus últimos años «resignadamente». Él mismo lo dijo al cumplir 87: «Soporto los días, uno tras otro, todos iguales. No deseo más tiempo. Doy mi vida por vivida». Una confesión que eriza la piel a sus fieles. Ahora este genio de la literatura les ha dejado huérfanos. ¿Fue feliz? «No existe la felicidad. A lo largo de la vida hay briznas de dicha que se deshacen como las pompas de jabón. Yo soy triste», respondió en su día.

BIOGRAFÍA
Miguel Delibes nació en Valladolid el 17 de octubre de 1920. Tercero de los ocho hijos del matrimonio formado por Adolfo Delibes, profesor y director de la Escuela de Comercio de Valladolid, y la burgalesa María Setién, sintió que su vida quedaba marcada por esa abultada cifra: «Mis hermanos y yo estuvimos obligados a competir desde el nacimiento». Mirando a su infancia, aseguraba que lo más importante fue su padre, que le enseñó «el amor al campo y a los animales», dos de sus grandes pasiones.
Cuando tenía 15 años estalló la Guerra Civil. «Me dio la posibilidad de escapar dos años y elegir cuerpo: marinero voluntario en el crucero Canarias». Después se dedicó con constancia a los libros. Estudió en el colegio de La Salle y las carreras de Comercio, Derecho y Periodismo (Escuela Oficial de Madrid). En 1946 obtuvo la cátedra de Derecho Mercantil en la Escuela de Comercio de Valladolid, lo que le llevó a ejercer durante seis meses de profesor visitante en la Universidad de Maryland (EEUU). En el terreno profesional, se estrenó en la banca y después compaginó durante años docencia, periodismo y literatura.

Su carrera como periodista marcó su vida. En 1941 empezó a colaborar como caricaturista y redactor en 'El Norte de Castilla'. Poco a poco, fue ascendiendo hasta que le nombraron director, cargo que ocupó de 1958 a 1963. Acosado por la censura, optó por dimitir. En esta etapa publicó una docena de libros, como El Camino (1950) y Las ratas (1962). Aseguraba que la concisión a la que obligaban las páginas del periódico marcó su estilo literario.

Conoció a Ángeles de Castro, su gran compañera, cuando ella era aún adolescente. «Siempre fue bella, pero, cuando la conocí, era tan bonita e inteligente que tenía alrededor un centenar de moscones. Yo tenía un par de años más, pero nos enamoramos, en el 46 nos casamos y en el 73 la perdí. Eso duró mi historia». Tuvieron siete hijos (uno de ellos, el escritor y científico medioambiental Miguel Delibes de Castro) y tras enviudar, Delibes no volvió a ser el mismo. La soledad le ganó terreno: «Yo escribía para ella. Y cuando faltó su juicio, me faltó la referencia. Dejé de escribir y esa situación duró años. A veces pensé que todo se había terminado». «Con su sola presencia, aligeraba la pesadumbre del vivir», dijo de ella en una ocasión.

El 1 de febrero de 1973 fue elegido académico de la Lengua, institución en la que ingresó el 25 de mayo de 1975 para ocupar el sillón 'e'. Lo hizo con el discurso 'El sentido del progreso desde mi obra', en el que hizo un alegato en defensa de la naturaleza. Ésta era su opinión de la evolución del lenguaje: «El uso diario lo empobrece, pero el tiempo lo enriquece. Tendemos a reducirlo, a simplificarlo. Nos cuesta armar una frase. De este modo, los que hablan mucho, tropiezan mucho, y los que miden sus palabras se van apartando del problema».
Delibes también cultivó el ensayo: Diario de un cazador (1955), Por esos mundos (1961), Europa, parada y fonda (1963), Vivir al día (1968, selección de artículos 1953-1967), La primavera de Praga (1968), El libro de la caza menor (1973), Mis amigas las truchas' (1978), Parábola del náufrago (1978) Un mundo que agoniza(1979), El otro fútbol (1982) La censura en los años cuarenta (1984)Castilla habla (1987), Mi mundo y el mundo (1987) Castilla, lo castellano y los castellanos (1988), Mi querida bicicleta (1988), Mi vida al aire libre (1989), El conejo (1991), La caza en España (1993), Los niños (1994, antología de textos sobre la infancia), Libro de Castilla y León (1994) La naturaleza amenazada (1996) España 1936-1950: Muerte y resurrección de la novela (2004), La tierra herida (2005, con su hijo Miguel Delibes de Castro)
El novelista era capaz de elegir de entre toda su obra. Se quedaba con Viejas historias de Castilla la Vieja (1964), de apenas 50 páginas, que consideraba el libro «más representativo de todos por su prosa, su paisaje, sus personajes, su movimiento y su sentido del humor» . También le gustaban La sombra del ciprés es alargada, 'Los santos inocentes' y 'El hereje'.
Precisamente 'El hereje' fue su última novela, en 1998. Con ella obtuvo el Premio Nacional de Narrativa y anunció que dejaba las novelas: «No tengo capacidad para sorprender. El primer sorprendido si escribiese otra novela sería yo», dijo. Sí que escribió ensayos, como 'España 1936-1950: Muerte y resurrección de la novela', en 2004 o 'La tierra herida'. En 2006 llegó 'Viejas historias y cuentos completos'
En 1998 fue operado de un tumor de colon. Nunca llegó a sentirse recuperado. «Desgraciadamente la salud no me acompaña. La operación de cáncer fue bien, según dicen, pero me dejó un postoperatorio que después de 10 años aún no ha terminado. Quedé inútil para muchas cosas, como escribir o cazar. Y así sigo», dijo en una entrevista con motivo de su 87 cumpleaños. «Me horrorizan los quejicas que pretenden hacer de sus males el eje del mundo. La artritis reumatoide no es una broma, claro, pero ¿qué puedo hacer? Aguanto»,
Además de la literatura y su mujer, sus grandes pasiones fueron «la caza de la perdiz en mano y la pesca de trucha a mosca ahogada». En general, la naturaleza, protagonista velada de muchas de sus obras. No en vano, él se definía como «un narrador rural apasionado por la naturaleza». «La ambición de poder y la creencia de que el hombre puede hacer y deshacer sin que se hundan las esferas son las responsables de que el planeta esté tan amenazado»,
En 2007 aparecieron los dos primeros volúmenes de los siete que conforman su obra completa, supervisados por el octogenario autor. Ese mismo año, con motivo de su 87 cumpleaños, se celebró un congreso internacional en la Universidad vallisoletana en cuyo transcurso fue presentado el libro 'Luces, trazos y palabras', homenaje de una treintena de poetas como Victoriano Crémer, Antonio Colinas y Gustavo Martín Garzo. Se le resistió el Nobel. Menos éste obtuvo todos los premios posibles. Destaca el Cervantes, que recibió en 1993, pero hubo muchos más: Premio Nadal (1947) por 'La sombra del ciprés es alargada'; Premio Nacional de Literatura (1955) por 'Diario de un cazador'; Premio de la Crítica (1962) por 'Las ratas'; Premio Pablo Iglesias (1978) por 'El disputado voto del señor Cayo'; Premio Príncipe de Asturias de las Letras (1982, compartido con Gonzalo Torrente Ballester); Libro de Oro de los libreros españoles (1984); Premio Ramón Godó de Periodismo (1985), Premio Ciudad de Barcelona (1987) por 'Madera de héroe'; Premio Nacional de Narrativa (1998) por 'El hereje'...
Muchos de sus libros han sido llevados al cine. A su juicio, con desigual resultado. «Ha habido de todo: grandes películas como 'Los santos inocentes', de Camus; buenas películas como 'El disputado voto del Sr.Cayo', de Giménez Rico; y malas e infames películas, como 'La sombra del ciprés es alargada', de Alcoriza», dijo el escritor, a quien le gustaba «ir al cine a butaca de pasillo». Incluso recibió la Espiga de Oro de la Semana Internacional de Cine de Valladolid en 1993 por su aportación a la gran pantalla. También se han hecho adaptaciones teatrales de sus novelas, como 'Cinco horas con Mario', con Lola Herrera, o 'Las guerras de nuestros antepasados'.
A pesar de su pesimismo, lo cierto es que siempre estuvo rodeado de amigos.
LA NATURALEZA
Su discurso de ingreso en la Real Academia de la Lengua, en 1975, fue una oda a su principal pasión: la naturaleza. Este «ecologista adelantado» mostró siempre su preocupación ante el progreso, no porque éste sea negativo en sí mismo, sino debido a que en la gran mayoría de los casos se sustenta en la aniquilación de la naturaleza.
Y Delibes hablaba con conocimiento de causa: el de cazador y hombre de campo. Ya en 'La sombra del ciprés es alargada', su primera novela, defendía a ultranza el medio ambiente frente al desarrollo industrial. También en ensayos como 'La naturaleza amenazada', 'El sentido del progreso desde mi obra'. 'Un mundo que agoniza' o 'La tierra herida', este último escrito junto a su hijo Miguel. Delibes renunciaba al modelo de progreso si éste «ha de traducirse inexorablemente en un aumento de la incomunicación y la violencia, de la autocracia y la desconfianza, de la injusticia y la prostitución del medio natural, de la explotación del hombre por el hombre y de la exaltación del dinero como único valor».
Los protagonistas de todas sus obras viven en armonía con el medio rural y se rebelan contra el desarrollismo, lo que propició que Delibes fuera tachado en más de una ocasión de «reaccionario». Una mala interpretación de sus tesis: Delibes en realidad fue un adelantado a su tiempo, que ya desde los años 70 clamaba por un desarrollo sostenible, en el que la máquina y la ciencia estuvieran al servicio del hombre y no a la inversa. Sí supo interpretar sus tesis la Facultad de Biología de la Universidad de Salamanca, que lo nombró doctor honoris causa «por su defensa del medio ambiente frente al desarrollo industrial».
CASTILLA
Prácticamente todas sus obras se desarrollan en Castilla. Sus pueblos, sus gentes y su lenguaje son los protagonistas de su obra, gracias a la cual lectores jóvenes o urbanitas han podido hacerse una idea de esa España cada vez más abandonada, y de la dureza de la vida del campo. «Castilla es difícil» afirmaba Delibes. Y esa complejidad quedó plasmada no sólo en obras como 'Castilla habla', 'Castilla, lo castellano y los castellanos' o 'Viejas historias de Castilla la Vieja', sino en toda su producción. Llamó en más de una ocasión la atención a las administraciones, por hacer gala de una «dejadez» que había colocado a su tierra en un «estado de marginación».
EL CAMPO
Esta 'obsesión' está íntimamente relacionada con las anteriores. Delibes retrató como pocos la vida en el campo y el éxodo rural. Le preocupaba la despoblación y la pérdida de valores, que proponía combatir con desarrollo sostenible: «El pueblo necesita mayor confort: caminos, agua, buena tierra y posibilidades deportivas». Y renegó siempre de ese progreso que «calienta el estómago pero enfría el corazón».
Tampoco pasó por alto el maltrato que históricamente ha sufrido la gente del campo. El ejemplo más ilustrativo es su novela 'Los santos inocentes'. Delibes vivió lo suficiente para constatar una mejora en el trato humano, si bien se mostraba seguro de que la explotación seguía existiendo, aunque de una forma «menos visible».
EL LENGUAJE
Sus más de 80 años de existencia permitieron a Delibes constatar el progresivo empobrecimiento del lenguaje. Las prisas parecen habernos llevado a economizar también a la hora de expresarnos. «Tendemos a reducir el lenguaje, a simplificarlo. Nos cuesta armar una frase. De este modo, los que hablan mucho, tropiezan mucho, y los que miden sus palabras se van apartando del problema», afirmaba. Tal vez por eso, su legado incluye el de haber recogido y preservado para siempre palabras como arrobado, ardivieja, humeón o aguarradillas.
LA CAZA
Su gran pasión. Y también su mayor contradicción: un ecologista convencido que sin embargo adora la caza. Muchos lo criticaron por ello. Él siempre explicaba que sólo practicaba la caza menor, dado que la mayor le parecía «más inhumana».
Se retrató en 'Diario de un cazador' (Premio Nadal en 1955), a través del bedel Lorenzo, su álter ego. En él deja patente la complicidad entre el hombre y sus animales, y entre cazadores. Cuando Delibes trataba con sus canes «parecía dialogar con personas». «Siempre que viene un perro a casa, aunque sea de otra persona, él no tarda nada en tenerle a los pies acariciándolo», contaba Germán Delibes. Escribió nueve libros cinegéticos, entre los que destacan 'La caza de la perdiz', 'Mis amigas las truchas' o 'Aventuras, venturas y desventuras de un cazador a rabo'. Su conocimiento de los animales le permitió asimismo escribir la obra infantil 'Tres pájaros de cuenta', con el cuco, la grajilla y el cárabo como protagonistas.
LA VEJEZ Y LA MUERTE
La muerte fue un tema recurrente en su obra, y el temor de ver morir a las personas que amaba y de quienes dependía. El fallecimiento de su esposa, Ángeles, en 1974, le dejó sumido en una profunda tristeza de la que nunca se recuperó. «Soy triste. Nací pesimista», afirmaba. «No existe la felicidad. A lo largo de la vida hay briznas de dicha que se deshacen como pompas de jabón».
Retrató la pérdida en 'Cinco horas con Mario', empleando la técnica del monólogo no sólo para dotar de mayor fuerza a su obra, sino para sortear la censura. En el cuento 'La mortaja' dibujó con una crudeza tan inusitada como necesaria la muerte y el abandono que ésta provoca en los que sobreviven.
La vejez fue otro de sus motivos, como puede verse en 'La hoja roja', 'Diario de un jubilado' o 'Cartas de amor de un sexagenario voluptuoso'. «Soporto los días, uno tras otro, son todos iguales», decía Delibes, y lamentaba: «La medicina ha prolongado nuestra vida, pero no nos ha falicitado una buena razón para seguir viviendo».
IDEOLOGÍA Y JUSTICIA
Son constantes subliminales en su obra. Declarado centroizquierdista y católico practicante, dimitió como director de 'El Norte de Castilla' ante los intentos de control del entonces ministro Manuel Fraga. «Los políticos no nacen para servirnos, sino ordinariamente para servirse», sentenció. Y lo plasmó en 'El disputado voto del señor Cayo', en el que contraponía la visión de los jóvenes militantes de ciudad con la sabiduría de un anciano que sobrevive en un pueblo abandonado.
«Lo más positivo que se ha demostrado con los regímenes de fuerza, ya sean de izquierdas o de derechas, es que no le bastan al hombre para vivir. Los hombres necesitan una atención más próxima y personal». Delibes fue testigo no sólo del éxodo rural y su consiguiente pérdida de valores. También vio cómo el individualismo iba ganando terreno en la sociedad en general, en detrimento del factor humano. No renunció, sin embargo, a denunciar las injusticias. Lo hizo en la trilogía compuesta por 'El camino', 'Los santos inocentes' y 'Las ratas'. A pesar de ello, se fue echando en falta «una justicia más justa».

Miguel Delibes


10 de marzo de 2010

Fragmentos de una novela especial

Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano en tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.



Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y nuestros ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mi como una luna en el agua.

RAYUELA, de Julio Cortázar (Capítulo 7)

9 de marzo de 2010

Sobre Luces de bohemia


LOS PERSONAJES
Detrás de algunos personajes se esconde una persona real:
Max Estrella es el alter ego de Alejandro Sawa, escritor sevillano.
Madama Collet, lo es de Juana Poirier, la mujer de Sawa.
Dorio de Gadex fue el apodo real del escritor Antonio Rey Moliné.
Peregrino Gay: Ciro Bayo, un escritor.
Zaratustra: Gregorio Pueyo, un editor. El mote es debido a la admiración que Valle sentía hacia Nietzsche, el filósofo autor de "Así habló Zaratustra".

En la obra se alude a diversos escritores y personajes literarios:
Rubén Darío: escritor nicaragüense, máximo representante del Modernismo, movimiento literario de finales del XIX y comienzos del XX. Visitó España en varias ocasiones, aparece charlando con Max y Don Latino y su apodo es "cerdo triste".
Dorio de Gadex: escritor modernista real.
Victor Hugo: famoso escritor francés autor de "Los Miserables".
Paul Verlaine: poeta simbolista francés.
Francisco Villaespesa, escritor español.

El Marqués de Bradomín: definido como "feo, católico y sentimental" es un personaje de las "Sonatas" obra en prosa de Valle- Inclán.
Etc.
MAX ESTRELLA
Max es un personaje destinado a la cumbre por el apellido y el nombre: Máximo Estrella. Esta peculiar denominación del personaje es un elemento simbólico: la palabra “luz” es identificada en “Luces de Bohemia” con la inteligencia o la lucidez. El apellido de Max hace referencia a la capacidad del poeta para llegar a la verdad, para iluminarla, en un ambiente nocturno que, a su vez, simboliza “un mundo en el que la actitud más general es mantener los ojos cerrados”. Max Estrella está contrastado con la oscuridad que impregna toda la obra. Además hay que tener en cuenta que Max era ciego y en la Antigüedad, la ceguera de los vates se identificaba con la sabiduría, eran los que tenían acceso a la verdad.


El nombre “Máximo Estrella” está relacionado con el esplendor de la fama, incluso don Latino en la Escena IX le llama “Estrella Resplandeciente”. Con el superlativo queda valorada su condición de poeta y lo eleva por encima de los demás personajes. Pero todo lo positivo que se encuentra en su nombre queda eclipsado cuando el propio Max revela su pseudónimo: “Mi nombre es Máximo Estrella. Mi seudónimo, Mala Estrella.” (Escena V).

Max es un soñador perdido en un ambiente injusto, en un Madrid absurdo, y su vida está presidida, como la de los héroes en la antigua tragedia, por la fatalidad. El personaje es sometido a una continua degradación que comienza en la primera escena y que desemboca en la muerte; aún incluso después de muerto se le sigue quitando dignidad: se cree que está borracho y después en estado de catalepsia.

En ningún otro personaje hay una caracterización tan profunda con sólo saber su nombre y su pseudónimo. Éste último es empleado por primera vez en la E.V, también es utilizado por dos personajes: don Filiberto y Dieguito en las E VII y VIII respectivamente y aparece en acotaciones de las E IX y X. Su función en estos casos es la de recordar el destino al que está abocado el protagonista; se comprueba sobre todo en la intervención de Dieguito: “¿ El excelentísimo Señor Ministro de la Gobernación, se cambiaría por el poeta Mala-Estrella?” (E. VIII).

Este personaje tiene una base histórica: es opinión generalizada que es el trasunto literario de Alejandro Sawa, escritor modernista contemporáneo de Valle-Inclán. Sus vidas tienen muchos puntos comunes pero también se atribuyen a Max rasgos biográficos del propio autor.

DON LATINO DE HISPALIS
Don Latino de Hispalis es el nombre del guía de Max por las calles madrileñas (existe una relación entre este viaje y el de la “Divina Comedia” de Dante). Se trata de un personaje desleal, cínico que muestra su pedantería ya desde el nombre. Hispalis es Sevilla.
En una ocasión el apellido sufre una deformación cuando Max le dice a la Lunares: “Llévame a un banco para esperar a ese cerdo hispalense” (E.X).

Es el mismo personaje el que explica porqué se llama así: “Ustedes no conocen la cabalatrina de mi seudónimo: Soy Latino por las aguas del bautismo, soy Latino por mi nacimiento en la bética Hispalis, y Latino por dar mis murgas en el Barrio Latino de París. Latino, en lectura cabalística se resuelve en una de las palabras mágicas: Onital.” (E. VIII)


OPINIÓN DE MAX SOBRE ESPAÑA
Se muestra muy crítico y desilusionado, cree que España es una deformación grotesca de la civilización europea, es un corral, un "terrón maldito" que es necesario eliminar. Hace falta una revolución como la de Rusia; la miseria moral del pueblo español reside en su opción folclorista de la vida y de la muerte. Alude a la Leyenda Negra (campaña de desprestigio de España basada en la actuación del gobierno en la Conquista de América, con la Inquisición, etc). Tanto ricos como pobres están afectados por esta falta de visión, de empuje, de patriotismo. La religión está relegada a los viejos. Ataca a la Barcelona industrial y critica la postura de los patronos en la lucha obrera. Tampoco cree en la Justicia a la que acusa de ser corrupta.
"El sentido trágico de la vida española sólo puede darse con una estética sistemáticamente deformada. El espejo deforma las caras y la vida miserable de España. Está en el fondo del vaso".

FIGURAS LITERARIAS
Sobre todo en las acotaciones, aparecen metáforas, paralelismos, enumeraciones, gradaciones, comparaciones, en los diálogos muchas exclamaciones retóricas, hipérboles, abundan las citas literarias de autores como Calderón de la Barca o Shakespeare, Verlaine, Rubén Darío.

La animalización, cosificación y muñequización son técnicas para lograr el esperpento. Ridiculizan y exageran rasgos de los personajes y los deforman.

3 de marzo de 2010

Páginas entretenidas para aprender


Os paso algunas páginas que pueden ser interesantes para aprender conceptos básicos de métrica y profundizar en el Barroco. Mucho ánimo para los exámenes que luego vendrán vacaciones.

Cervantes y El Quijote:
http://concurso.cnice.mec.es/cnice2005/54_en_un_lugar_de_la_red/en%20un%20lugar%20de%20la%20red/index.html
El Quijote:
http://www.educa.jcyl.es/educacyl/cm/gallery/Recursos%20Boecillo/Quijote/Index.htm

Métrica en general:
http://www.educa.jcyl.es/educacyl/cm/gallery/recursos_educativa/metrica/index.html

El Barroco:
http://www.librosvivos.net/smtc/homeTC.asp?TemaClave=1090
Lo único que cambia el mundo es la acción.

Jody Williams. Premio Nobel de la Paz



Tus pensamientos son los arquitectos de tu destino.

David McKay


Cuando los dioses desean castigarnos, hacen que se cumplan nuestros deseos.
Doris Lessing

Saber es acordarse.